Hola de nuevo!! Tal y como os comentaba en mi artículo del viernes, el sábado me tocó trabajar, y casi trabajo doble por el que había quedado sin hacer del viernes y el que nos tuvimos que sacar de encima para poner todo en orden una vez "limpiado" y reiniciado el sistema, y ayer domingo fuí con mi marido al campo, a una de esas casas de película a la que acudimos un buen número de amigos invitados.

La dueña de la casa, la llamaré Vita, me impresionó profundamente. Es una muje joven, de 44 años, madre de dos hijos aún pequeños, que lleva casi un año luchando contra el cáncer. Lejos de hundirse al saber la noticia, desde el primer momento tuvo claro que iba a superarlo, o cuando menos luchar todo lo posible por lograrlo, sin decaer ni permitirse desánimos, sin cargar el peso de su problema en los demás, aún aceptando ayuda, lógicamente, porque la situación es muy dura para que nadie, ni ella, la supere sola, y lo que para mí es más impresionante aún, sin hacer dejación ninguna de sus tareas de esposa y madre, encargándose ella de todo como antes, y con ánimo de seguir haciéndolo todo el tiempo que sea posible. Me parece increíble que con sesiones de quimioterapia y radioterapia a cuestas, en las que obviamente debe descansar, en cuanto se siente físicamente capaz, muchísimo antes de lo que los médicos le permitirían, si les hiciera caso, se levanta de la cama y vuelve a tomar las riendas de la familia. Dice que el trabajo y las responsabilidades, aunque la agoten físicamente, le dan el motivo básico de seguir adelante, de no dejarse vencer. Como pongo en el título de este artículo, hay que tener coraje.

También a nivel estético se refleja su fuerte y particular personalidad. Lejos de seguir modas prefabricadas y tendencias generales, le gusta poner su propio toque en la ropa que viste, tener un sello particular y único. Por ejemplo, éste es el conjunto que llevaba ayer para recibirnos en su casa y para cumplir una de sus rutinas indispensables, un largo e indispensable paseo matutino en el que ayer la acompañé.

Y éste el detalle no se bien si de rareza o de genio o una mezcla curiosa de ambos. ¿Pensábais que eran botas? Pues no, son calcetines...