Hola de nuevo!! Hubiera deseado escribir ayer pero ¡¡ufff!! Tenía una resaca terrible. la peor de mi vida, yo creo.
Todo lo que ocurre a mi alrededor me está desmontando mis esquemas de toda la vida. Me doy cuenta que eso de no tener ideas preconcebidas, de adaptarte a lo que venga, del "allá lo que fueres haz lo que vieres", es más difícil en la práctica de lo que parece en teoría.
Para empezar, siendo estas alturas del año, y haciendo frío, que lo hace y mucho por aquí, para cenar el sábado saqué un traje chaqueta, formal pero moderno, que me parecía de lo más adecuado. En cuanto lo vio mi marido, me dijo que era una mala elección: "Todas las mujeres llevarán vestido de tirantes, ya lo verás" Me quedé helada en más de un sentido, ¿Cómo iban a ir en tirantes con el termómetro cerca de los cero grados? Él insistía, y yo me negaba en redondo. Entre otras cosas, lo reconozco, porque no me había traído de España ningún vestido de tirantes digno de llevar a una cena de gala. A ver, es lógico, si una se traslada a Inglaterra a finales de octubre, se trae la ropa de otoño - invierno y se deja la de primavera - verano para más adelante, ¡No podía imaginar que iba a necesitar aquí y ahora un vestido de tirantes!
Al final, me cambié el traje por un vestido negro, de esos que siempre quedan bien, aunque es de mercadillo. El echarpe rojo le da un toque de cierta distinción, disimula sus muchas carencias, y sobre todo evitó que me muriera de frío en cuanto me quité el abrigo. No sé de qué pasta especial están echas las inglesas, que no les afecta el frío, porque ciertamente era la única mujer en la fiesta que no llevaba tirantes. Los zapatos, lo sé, no eran los más adecuados precisamente, pero no tenía ningunos negros que pudieran combinarse bien. Siendo optimista, dan un toque de color al conjunto. En todo caso, no creo que se fijaran mucho en ellos.

Aquí tenéis otra foto del conjunto con algo más de detalle.

Por cierto que, como no tengo precisamente muchas joyas de calidad, me puse para la ocasión los pendientes que llevé con mi vestido de novia, que son éstos

Creo que en cuanto al estilismo pasé la prueba dignamente. En cuanto a digamos la vida social... No sé qué decir. Me pareció todo muy extraño. Son efectivamente tal y como me había dicho mi marido muy rígidos, muy protocolarios en sus formas y maneras, en el trato social entre ellos, pero, a la vez, parecen siempre a punto de desfasarse en cualquier momento, como si estuvieran siempre explorando sus propios límites y hasta jugaran con ellos, con ver hasta dónde son capaces de llegar sin traspasarlos, que eso sí está muy mal visto. Por ejemplo, beben como cosacos. No es que en España no se beba, que claro que sí, pero es que aquí está como institucionalizado. Nada más llegar, nos recibieron con jerez a mansalva, y no podías rechazarlo. Luego pero aún antes de cenar, nos pusieron un par de dry martinis (Yo pedí Martini blanco solo, pero no, para ellos tiene que estar combinado con ginebra para ser "auténtico") y cuando por fin nos sentamos a la mesa yo ya estaba algo mareada. Después en la cena, aunque había vino en abundancia, yo casi no bebí, pero no me pude librar del champagne de los postres y los brindis, y menos aún de las copas de licor que continuamente te servían las pidieras o no.
Como una hora después de acabar la cena, y a pesar de haberme escabullido de alguna ronda, la cabeza me daba vueltas, me sentía en el límite de mi resistencia, y estaba realmente aterrorizada. ¡No podía dejar mal a mi marido, no podía emborracharme en mi primera cena! Me tranquilizó ver a algunas señoras en un estado bastante más lamentable que el mío, y poco después ya la embriaguez era generalizada. Mi marido aguanta como pocos, y aún así tenía las mejillas y la nariz coloraditas, signo inequívoco de que también él había bebido de más. Yo, bueno, realmente estaba ya muy borracha, aunque hablaba poco, me movía menos para concentrarme en mantener el equilibrio, y creo de veras que apenas se me notaba. Eso sí, tras despedirnos, no era capaz de llegar al coche, tropecé un par de veces, y al final mi marido me cogió en brazos (No, no es tan romántico como os imagináis, que mi situación era patética) Recuerdo estar sentada en el coche a su lado, pero no recuerdo haber entrado en casa, creo que me desmayé, porque él tuvo que acostarme y desnudarme.
Ayer domingo aparte del tremendo resacón, me sentía terriblemente avergonzada, pero él estaba como si nada. Cuando le conté mis temores se rió francamente. Se ve que aquí salir de una cena formal a cuatro patas es lo habitual. Pues vaya...

iiree
9 nov 2009 | 04:27 PM
jajajajaj no he podido evitar reirme con " mi marido me cogio en brazos" según te iba leyendo te iba imaginando, un recuerdo inolvidable seguro.
Xisca
9 nov 2009 | 08:44 PM
Jajajaja pues yo no he podido evitar reirme al pensar lo que tú imaginabas porque mira, precisamente inolvidable no es el recuerdo, lo tengo todo muy borroso. Ya en el parking estaba borrachísima, por eso las piernas no me sostenían, y como explico en el artículo en el coche me desmayé, así que muy romántica tampoco es que fuera la escena...